¡El Chico de las Pestañas eternas ha admitido, sin necesidad de torturas o terceros grados por mi parte, que me echa de menos de vez en cuando!
Pensé que os gustaría saberlo =3.
Al Chico de las Pestañas Eternas se le enfrían los pies y las ideas cuando camina por su ciudad, buscando una rana entre tantas piedras. Y ya se sabe que con los pies fríos no se piensa bien.
Menos mal que me tiene a mi para calentarselas...





