28 feb. 2010

¡El Chico de las Pestañas eternas ha admitido, sin necesidad de torturas o terceros grados por mi parte, que me echa de menos de vez en cuando!


Pensé que os gustaría saberlo =3.







Al Chico de las Pestañas Eternas se le enfrían los pies y las ideas cuando camina por su ciudad, buscando una rana entre tantas piedras. Y ya se sabe que con los pies fríos no se piensa bien.
Menos mal que me tiene a mi para calentarselas...

26 feb. 2010



¿Sabes? Hoy me he dado cuenta de que tú tambien buscas mi mirada.
Hoy me he dado cuenta de que necesitas tocarme, aunque solo sea un poco. 
Necesitas tu piel sobre la mia para poder sentir que soy real. A veces necesitas que te hable, que te sonria, que te haga caso. Necesitas, incluso, escuchar de vez en cuando como me late el corazón. 
Necesitas que te quiera de la forma en la que solo yo se quererte porque soy la única persona que sabe como hacerlo. Como hacerlo bien.
Necesitas un susurro, una caricia, un beso, un despiste... Necesitas que de un par de sorbos a tu cerveza para que te sepa bien. Necesitas ese escalofrío que sientes cuando deslizo mi mano hacia abajo desde tu oreja. Necesitas sonreir mientras me dices que soy tonta. Mientras me dices que soy tu mejor amiga. Mientras te doy un beso en la mejilla. Mientras bostezo, mientras hablo, mientras haces como que no me escuchas, como que no me quieres tanto.
Necesitas que esté bien porque, si no, no puedes estar bien tú.
Necesitas que sea feliz porque, si no, no eres capaz de serlo tú.
Necesitas dedicar un par de minutos al día en pensar en mi.

Yo,  ilusa de mi, con todo esto me conformo. Me conformo hoy, que me he dado cuenta de que me necesits tanto como yo a ti.
Y eso, querido mio, no tiene precio.
No tiene precio...

 

  





De aquí a que me dejes follarte contra la pared del baño ya va quedando menos, ¿no?
=3


21 feb. 2010

A Oier se le escapan los ojos por la ventana los miércoles y los viernes a primera, cuando toca química. Deja que su imaginación vuele, que atraviese las nubes grises de tormenta que cubren el cielo cada invierno para bañarse en el azul de los recuerdos, de las tardes de verano.
Oier tiene el pelo rubio y los ojos castaños y la fobia paranoide de no ser capaz de crecer. De no hacer las cosas bien. Le tiene miedo a tener miedo, como quien dice...
Vive en una casa junto al mar que es invadida por la niebla todas las mañanas. Donde habita el olvido, le gusta decir a él.
Oier se enamoró una vez y no pudo volverlo a hacer. Se enamoró de una chica de pelo rizado y ojos color miel, una chica que sonreía constantemente. Nunca la ha oído hablar. Es más, nunca se ha atrevido a mirarla durante más de tres minutos seguidos. Cada día, cuando camina hacia el instituto, se repite tomando aire que esta vez si, esta vez si....
Pero siempre es no. Le vuelven a asaltar las dudas y estas ahuyentan las ganas. y todo se queda en silencio mientras ella pasa envolviendolo todo con su colonia de fresa. Y a él le arden el cuerpo y el alma y no sabe qué hacer. Suspira, se da la vuelta y entra en clase, contando los minutos que le faltan para volverla a ver.
Porque igual la próxima vez...


19 feb. 2010

Palillo amaba a Cerilla
con un amor muy vehemente.
Amaba su delgadez
que encontraba muy ardiente.

Entre Palillo y Cerilla
¿puede arder una pasión?
Así fue y, en un segundo,
ella lo volvió carbón.




Tim burton
La melancólica muerte del Chico Ostra



14 feb. 2010

A quien corresponda 2.0

-¿Por qué?
Le miré a los ojos. Así, directamente. Me los sabía tan bien, tan de memoria... Sabía, por ejemplo, que no podía acercarme demasiado al límite de sus pupilas porque había un punto dentro de ellas del que no eras capaz de salir. Nunca. Sabía, tambien, donde estaban las franjas marrones que cruzaban el verde de su iris.
Me devolvió la mirada frunciendo el ceño, confundido. Le dió un sorbo a su cerveza.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué siempre te preocupabas tanto por mi?- pregunté. Ya tenía el abrigo en las manos. El bar se estaba vaciando. Por un momento me dio la sensación de que el mundo se había quedado vacío y que eran solo nuestras respiraciones las que desencadenaban los flujos de brisa.
O algo así.
-Vamos, ¿qué quieres que te diga?- respondió.- Eramos unos críos. quiero decir, yo acabo de cumplir los treinta y no termino de madurar, pero eramos más críos entonces, ya me entiendes. La amistad es algo que se idealiza a esa edad... Cuidaba de ti porque eras mi amiga y eso ya te hacía muy importante. Como todos, ¿no?
-No. Lo tuyo era diferente.- repuse.- Me conocías. Me conocías de verdad. Sabías que era una persona totalmente bipolar. Que a veces me ponía mal en cuestión de minutos. Entonces me apartaba un rato, donde no me viera nadie. O incluso me iba a casa, aunque fuera temprano. Todos lo sabíais pero lo dejabais pasar porque eso era lo que quería yo; poder estar sola para tomar aire. Tú, sin embargo, ibas por libre; me mandabas mensajes, preguntabas... Me abrazabas cuando volvía, me mirabas a los ojos buscando alguna lágrima que no debiera estar ahí... Así siempre. Te saltabas las normas. MIS normas. ¿Por qué?
Entonces él echó hacia atrás la cabeza, sonriendo, dejando la botella vacía sobre la mesa.
-Imaginaciones tuyas... Te quería.
-No, no me querías.- me encogí de hombros.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó.
-Simplemente no me querías...- no dijo nada. No tenía pinta de querer decir nada. Me pregunté donde se había quedado su cara de dibujo animado, sus sonrisa inoportunas, sus chistes malos. El decía que no había madurado, pero no era el mismo. No era aquel que yo conocía.- Oye... es tarde. Comienzo a delirar.- sonreí.- Me voy ya... que solo quedamos nosotros. Nos vemos otro día, ha estado bien esto de recordar viejos tiempos, ¿verdad? 
Me volví, dispuesta a salir por la puerta y enfrentarme a la fría ciudad. Fría y solitaria....
-Una vez me rompieron el corazón.- aquella frase me retumbó en los oidos.- Además de forma ruin, ¿te acuerdad? Lo pasé de pena... Lo pasé peor que de pena. Casi que quería morirme. ¡Y mira como tenía que estar, con lo bobo y feliz que soy yo, para querer morirme! No te voy a decir que me salvaras la vida, porque no lo hiciste... Pero me vinieron muy bien esas tonterías y esos abrazos y esas cosas tuyas. Ahí me empecé a fijar en ti. Me fijé en que solo tenía que darte un toque para que supieras que necesitaba algo, en como te esforzabas por que pareciera que no es que quisieras hacerme reir, que va, es que tú eras así... Siempre, siempre estabas en los malos momentos, pero no te importaba desaparecer en los buenos. - tomó aire, levantandose él también, frotandose la nuca con la mano izquierda.- Por eso, te hiciste importante, más importante de lo que te crees. Entonces me di cuenta de todo eso que te pasa, de que te ponías triste a una velocidad casi enfermiza. Que quieres que te diga, no me parecía justo; un corazón roto se arregla con el tiempo, pero ¿tú por qué sufrías? ¿Cómo podía devolverte el favor?
-No te hacía un favor aquellas veces...
-Luego, siempre sonreías. ¡Siempre! Nunca nos permitias ver lo mal que estabas en realidad. Eras diferente. Eras mi mejor amiga. Y, cuando nos distanciamos, que quieres que te diga, había días, domingos sobre todo,en los que pensaba que me moría de pena. Y no podíamos hacer nada porque era la vida la que nos separaba.- se mordió los labios, sonriendo.- Es muy triste, pero ¿qué le vamos a hacer? Por eso, si te digo que te quería es porque te quería. Me han roto el corazón otro par de veces pero ese es el precio de conocer a personas que valen la pena. Ahora, sin ir más lejos, salgo con una chica increible... No es el mismo tipo de amor... Pero si, a ti también te quería. Es más... nunca quise a nadie como te he querido a ti... Porque llegué a un punto en el que dejé de idealizar la amistad, como te he dicho antes y no volví a conseguir a nadie como tú.
Me quedé callada, con la boca entreabierta. 
Había vuelto.
Él había vuelto.
O igual nunca se había ido.
-Así que venga, te acompaño a casa.- dijo, acercandose a mi, quitandome la bufanda de las manos y envolviendome el cuello con ella.- Así nos hacemos un resumen de todo lo que nos hemos perdido en estos... ¿Seis años?
-Cinco...- sonreí.- Han sido solo cinco...




12 feb. 2010

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
 
 
Federico García Lorca
Poeta en Nueva York.
 
 
 
 
 
"Es que yo a Federico siempre le quise, ¿sabes? Siempre siempre..."

6 feb. 2010


A Daniel se le escapan los abrazos.
Tiene tantos que, a veces, es como si se le cayeran al suelo. Los regala, haciéndose un favor a si mismo. Es un romántico desesperado, enamorado del amor y del vino barato mezclado con coca-cola. Tiene los ojos más verdes que al envidia y la sonrisa más grande que el corazón. Que, en su caso, es decir muchísimo porque Daniel tiene el corazón más grande que existe. Tanto que no le cabe en el pecho. Se lo rompieron un par de veces y ha sabido reconstruirlo, dejándole alguna cicatriz de esas que sirven para no olvidar. A veces siente que su corazón, reparado y aun algo defectuoso, se para por momentos. Entonces es cuando le entran los miedos.
Miedo a estar solo, miedo a estar muerto, miedo a no saber vivir, a madurar, a hacerse viejo, a perder lo que de verdad le importa...
Cuando le pasa esto, cada vez más a menudo, se le encoge la mirada y se le empaña la sonrisa, pero muy pocos nos damos cuenta porque, pase lo que pase, él se obliga a no dejar de sonreír. ¡Y es que hay tanta, tantísima gente que depende de su sonrisa! Así que se traga las penas, o se las bebe algún que otro sábado y mañana Dios dirá, que los domingos no son tan malos días después de todo...
Trafica con secretos, con besos y alguna que otra vez con lágrimas, pero, ¡eh! Es que tampoco es perfecto aunque no le guste admitirlo. Que él, de vez en cuando, también necesita que le den un abrazo, que le pregunten y que le acaricien el pelo, que le manden un mensaje y que le guiñen un ojo mientras le susurran al oído un "yo también te echaré de menos". 
Por eso y por una serie de catastróficas desdichas, nosotros nos ocupamos, de vez en cuando, de que todo le vaya bien. Porque podemos perder muchas cosas, pero como le perdamos a él...
¿Qué harías tu sin nosotros, Daniel?
=3











5 feb. 2010

Si, reformando!!
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Nubes


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