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11 nov 2010

Prometo desaparecer.

Prometo desaparecer, cambiarme el nombre. Huir a otra ciudad, buscar nuevos amigos. Prometo no montar escenas en restaurantes cuando te vea con cualquier otra chica. Prometo que no hará falta que volvamos a vernos, que cambiaré de acera cuando nos encontremos por la calle. No habrá malas caras ni culpas, lo juro. Prometo esconder los te quieros que me regalaste, que ninguna de las caricias que me diste salga de las cuatro paredes de mi habitación. Prometo quedarme con mis inicios excelentes y todos esos esbozos de novela que te enseñé. Prometo olvidar los paseos y las buenas palabras, las tardes bajo el sol de invierno.Prometo olvidar tu numero, no volver a llamarte. Prometo que no habrá más abriles, ni mayos, ni junios. Que no habrá helados, que no habrá despedidas ni medias sonrisas, ni música. Prometo hacer como que nunca nos hemos querido una vez decidas que no quieres perder más tiempo conmigo. Los gestos se convertirán en humo y no tendrás que volver a preocuparte por mi.





Y es que una vez prometí, no se si lo recuerdas ya, que haría lo que fuera para hacerte feliz.
Conmigo o sin mi

29 oct 2010

"Sabía que los demás no se acercarían, pero le daba igual. Después de todo, la única cosa que la diferenciaba del resto era que supo aceptar a ese monstruo que todos llevamos dentro. Era eso, al fin y al cabo, lo que la hacía libre"














Tengo que darle las gracias a Vanhea por el premio que me dio en su blog : )
¡Me siento muy halagada y siento haber tardado tanto en darle las gracias como se merece!
¡Muchísimas gracias!

13 oct 2010

Miau.



Siempre me fueron más las maneras de leona que las de lindo gatito.

12 oct 2010

Las nubes lloraron piedras

Sentí como la lluvia me empapaba y no pude dejar de sonreir. El agua recorrió mi anatomía, envolviendo mis poros en dulces caricias heladas. Las nubes lloraron piedras, el viento gimió palabras mudas. Sentí que podía volar y las horas se me volvieron minutos. Sentí la tierra bajo mis pies y el oxígeno se coló como quien no quiere las cosa en mis pulmones. Me pesaban los huesos, si, pero no me importó. Y es que mi piel de golpe ya no era como una carcel. Lentamente, mi corazón comenzó a latir. Las neuronas defectuosas enviaron sus impulsos electricos. Sentí mi cuerpo como nunca antes lo había sentido. Y me gustó.
De golpe me gustaron las mañanas, los domingos, el café, las noches oscuras.
Me gustó estar viva, no se.
Me gustó poder volver a empezar.


14 ago 2010

Esta noche tocaba embriagarse. Tocaba dejarse arrastrar por el aroma dulce del vino, mientras este acariciaba mis cuerdas vocales. Tocaba hacerse trizas la ropa, quemar las suelas de los zapatos. Tocaba venderse un poco, dejarse llevar, extasiarse. Tocaba que el cuerpo se desentendiera del alma y que esta, caprichosa, se fuera a bailar entre los eflubios del tiempo, que tiende a jugar malas pasadas y a confundir al receptor con un mensaje cifrado. Hoy tocaba olvidarse, abstenerse. Hoy tocaba que mandara la piel, no la mente, porque el alma es ligera como el viento, mientras que la piel muerta pesa 14 toneladas.
Pero otra vez las cosas no son como una quiere. Todo se limita al "yo me lo guiso, yo me lo como". Como siempre. Mañana la razón llamará a mi puerta y los ladridos de los perros me recordarán lo que he hecho y dejado de hacer mal. Aun así, las aguas seguirán su rumbo y nadie vendrá a salvarme de mi misma y del resto. Porque no, amigos, es el resto el que nos hace más daño, porque mentirnos a nosotros mismos no nos duele tanto como mentir a los demás. Aunque pese.
Así que, recontando, ¿qué más nos queda? Sufrir en silencio una apariencia opuesta. Porque los demás no van a creer más de lo que les muestran sus ojos y para buenos actores -como yo- el ser y el parecer no son para nada lo mismo. Y es que hay una que se rie por fuera mientras que la de dentro sangra. Así, las palabras se arremolinan en mi cabeza y no me atrevo a dejarlas salir porque, si lo hago, las cosas no van a ser igual y no me arriesgo, tristemente, a encontrar algo peor y más miserable en mi camino.
En fin, que se equivocan. El "mejor sola que mal acompañada" no es cierto. Y todo el que lea estas palabras es consciente de ello. Solo nos queda atrevernos, tanto a vosotros como a mi, a ser sinceros.
La libertad me pesa tanto como me falta.
No, esperad, solo me falta.
Ahí queda eso.

14 jun 2010

Michelle, ma belle...

Te imagino dormida, Michelle, con tu pelo de sol cubriendo la almohada. Imagino tu respiración tranquila, tu delgadez airada. Los ojos ciegos, la boca muda, el alma desnuda. Te imagino cansada, Michelle, cuando resoplas y pones esa cara que tanto me gusta, molesta porque sabes que lo hago a propósito. Y es que siempre, Michelle, siempre lo hago a propósito. Te imagino corriendo, Michelle, cazando mariposas una tarde de agosto, junto al río. Te imagino ligera, te imagino siendo aire, siendo niebla. Te imagino gris, blanca, negra. Azul cielo, rojo, verde, magenta. Te imagino con tu vestido blanco y tus ganas de fuego, Michelle. No puedo remediarlo.
Te imagino dibujando, pensando, leyendo. Te imagino mirando al infinito, mordiéndote los labios. Te imagino, Michelle, con los ojos llenos de lágrimas y la boca llena de sonrisas. Te imagino con hambre, con frío, con sueño. Te imagino contando estrellas y desdibujando sombras, disipando dudas. Te imagino dándome la mano en esas noches en las que la oscuridad me señala y, sonriendo, susurra que me va a comer. Te imagino bañada en el amanecer, cuando el azul del cielo deja de competir con la inmensidad de tus ojos.
Te imagino de miles de formas, Michelle. Imagino la suavidad de tu piel, la cicatriz de tu hombro, tus buenos días. Tus malas noches.
Pero abro los ojos y ya te has ido, Michelle.
Has dejado de existir, Michelle.
Y ya no puedo imaginarme contigo.


8 jun 2010

Monstruos.



¡Y con eso basta!

13 may 2010

Más o menos, libre.

Poco que decir.
Mañana prometo ser mejor.



Escepto para ti, que ni te lo mereces ni haces nada por merecertelo.
Ya veo todo lo que te importo.

31 mar 2010

¿Ni siquiera, ahora, te compadeces de mi?

Te estás llendo.
no te das cuenta, pero te estás llendo.
¿No lo notas? 
Te estás llendo muy lejos.
Tanto que ni siquiera yo puedo agarrarte.
Tanto que, cuando te abrazo, ya no siento casi nada...
Y lo peor es que se que, cuando filamente te esfumes, cuando solo te vea caminando por la calle con ese aire perdido y no sepa a dónde vas, cuando nuestras conversaciones eternas se conviertan en un hola y adiós, cuando se nos acaben los gestos cómplices, cuando te olvides de mis lunares, de mi risa, de nuestros secretos...
Entonces ya te habrás ido.
Y no habrá manera, mon ange, de hacerte volver.




 Pídeme lo que sea.
Que me humille, que me arrodille. Pídeme el cielo, la luna, las estrellas.
Pideme todo cuanto tengo.
Dame la fórmula mágica para salvarme.
Para salvarte.
Para salvarnos.






Se aceptan sugerencias.

8 mar 2010

"A ver, atiende..."

-A ver, atiende. Y atiendeme bien porque esto es algo que no me gusta contar; yo una vez me enamoré. Si, vale, suena poco creible, pero es que fue antes de conocerte, ya sabes, yo tenía una vida y tal... El caso es que si, me enamoré. Y no de cualquiera, ¿eh? Yo me enamoré de un príncipe, ¡de verdad que si! Un príncipe de un reino muy lejano. Era alto, rubio y con unos ojos azules que te mueres. Además, era la persona más jodidamente inteligente que he conocido. Decir que me daba mil vueltas era poco, aunque ya sabes que no es que yo sea demasiado lista... La primera vez que le vi me temblaron las piernas, lo juro. Y eso que él no es que fuera demasiado guapo, la verdad, pero tenía labia, feromonas, yo que se... El caso es que a la semana de conocernos yo ya bebía los mares por él y se lo dije. Tampoco es que lo pensara demasiado, fue más bien como si las palabras saltaran solas de mi boca. Desde luego, no esperaba que el me cogiera allí mismo y me diera lo mío contra la pared, que por otra parte tampoco habría estado mal... Supongo que le quería tanto en ese momento que ya no me aguantaba más. ¿Sabes lo que él me dijo? Piensaló, podía haberse inventado una serie de catastróficas desdichas por las que él no podía quererme. O simplemente salir huyendo, que es otra opción. Pero no. Se acercó a mi sonriendo, me abrazo y me dio un beso en la mejilla mientras yo sentía cómo me elevaba del suelo. ¿Sabes lo que me dijo entonces? Que yo le gustaba. Que le gustaba mucho. Mi cuerpo, mis formas, mis palabras... Le gustaba todo de mi. Pero que él tenía una novia a la que AMABA. Así, con mayúsculas bien grandes. ¡estaba tan seguro de eso que casi daba miedo! Es decir, ¡no le cabía la más mínima duda de lo mucho que la quería! Pese a que ella estaba lejos, lejísimos, él ni siquiera se planteaba besar a otra chica. ¡Ni siquiera un beso, ni por pena! ¡Joder, yo con un beso habría sido la tía más feliz del mundo! Pero nada, nada de nada... No te imaginas la rabia que me dio, lo mal que me sentí...
sus ojos se mantenían fijos en la botella de vino que tenía en la mano mientras comenzaban a llenarse de lágrimas de polvo. Sentada allí, sola sobre el frío y duro suelo de marmol del pasillo de su casa, sentía el sopor embriagante del alcohol. Aquél tres de marzo, a las seis menos cuarto de la mañana, Dara se sentía, como todas las noches sin luna, un poco más miserable de lo normal.
-Entonces...-prosiguió.- entonces fue cuando mi corazón convulsionó. supongo que le hice trabajar demasiado, ¡qué se yo! Sentí como se agrietaba y como, poco a poco, se paraba. De golpe dejé de amar. Dejé de amarle a él y a mi misma. Y, por ende, al resto del mundo, pues el músculo de mi pecho había quedado total y absolutamente inservible. Al poco tiempo me alegré, que conste. Me dolía tanto el alma que llegué a la conclusión de que no necesitaba amor si era un sentimiento tan rastrero. Esa mierda no la quería. Ni la necesitaba, que quede claro. Cambié el calor que da una caricia por la energía desbocada de un orgásmo porque era precisamente esa energía la que necesitaba para que mi sangre no se quedara quieta y seguir viva. Por eso se me dan tan bien los amores de diez minutos, esos de los baños de los bares y las camas duras de los moteles de carretera... Así fue como me volví más gata que perra y más zorra que gata... Así, querida mia, te conocí a ti.
Se tumbó en el suelo, dejando la botella con cuidado y abrazandose a si misma. Hacía mucho frío aquel mes de marzo pero aquel día, no había tan helado como su alma.
Unas décimas de segundo antes de cerrar los ojos se permitió ser sincera y suplicarle al Diablo, a Dios o a quién fuera por alguien que la salvara aquellas madrugadas, cuando no se bastaba consigo misma y necesitaba desesperadamente el aliento cálido en el cuello de alguien que la quisiera de verdad.
Alguien por quien no tuviera que llorar.


26 feb 2010



¿Sabes? Hoy me he dado cuenta de que tú tambien buscas mi mirada.
Hoy me he dado cuenta de que necesitas tocarme, aunque solo sea un poco. 
Necesitas tu piel sobre la mia para poder sentir que soy real. A veces necesitas que te hable, que te sonria, que te haga caso. Necesitas, incluso, escuchar de vez en cuando como me late el corazón. 
Necesitas que te quiera de la forma en la que solo yo se quererte porque soy la única persona que sabe como hacerlo. Como hacerlo bien.
Necesitas un susurro, una caricia, un beso, un despiste... Necesitas que de un par de sorbos a tu cerveza para que te sepa bien. Necesitas ese escalofrío que sientes cuando deslizo mi mano hacia abajo desde tu oreja. Necesitas sonreir mientras me dices que soy tonta. Mientras me dices que soy tu mejor amiga. Mientras te doy un beso en la mejilla. Mientras bostezo, mientras hablo, mientras haces como que no me escuchas, como que no me quieres tanto.
Necesitas que esté bien porque, si no, no puedes estar bien tú.
Necesitas que sea feliz porque, si no, no eres capaz de serlo tú.
Necesitas dedicar un par de minutos al día en pensar en mi.

Yo,  ilusa de mi, con todo esto me conformo. Me conformo hoy, que me he dado cuenta de que me necesits tanto como yo a ti.
Y eso, querido mio, no tiene precio.
No tiene precio...

 

  





De aquí a que me dejes follarte contra la pared del baño ya va quedando menos, ¿no?
=3


14 feb 2010

A quien corresponda 2.0

-¿Por qué?
Le miré a los ojos. Así, directamente. Me los sabía tan bien, tan de memoria... Sabía, por ejemplo, que no podía acercarme demasiado al límite de sus pupilas porque había un punto dentro de ellas del que no eras capaz de salir. Nunca. Sabía, tambien, donde estaban las franjas marrones que cruzaban el verde de su iris.
Me devolvió la mirada frunciendo el ceño, confundido. Le dió un sorbo a su cerveza.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué siempre te preocupabas tanto por mi?- pregunté. Ya tenía el abrigo en las manos. El bar se estaba vaciando. Por un momento me dio la sensación de que el mundo se había quedado vacío y que eran solo nuestras respiraciones las que desencadenaban los flujos de brisa.
O algo así.
-Vamos, ¿qué quieres que te diga?- respondió.- Eramos unos críos. quiero decir, yo acabo de cumplir los treinta y no termino de madurar, pero eramos más críos entonces, ya me entiendes. La amistad es algo que se idealiza a esa edad... Cuidaba de ti porque eras mi amiga y eso ya te hacía muy importante. Como todos, ¿no?
-No. Lo tuyo era diferente.- repuse.- Me conocías. Me conocías de verdad. Sabías que era una persona totalmente bipolar. Que a veces me ponía mal en cuestión de minutos. Entonces me apartaba un rato, donde no me viera nadie. O incluso me iba a casa, aunque fuera temprano. Todos lo sabíais pero lo dejabais pasar porque eso era lo que quería yo; poder estar sola para tomar aire. Tú, sin embargo, ibas por libre; me mandabas mensajes, preguntabas... Me abrazabas cuando volvía, me mirabas a los ojos buscando alguna lágrima que no debiera estar ahí... Así siempre. Te saltabas las normas. MIS normas. ¿Por qué?
Entonces él echó hacia atrás la cabeza, sonriendo, dejando la botella vacía sobre la mesa.
-Imaginaciones tuyas... Te quería.
-No, no me querías.- me encogí de hombros.
-¿Cómo lo sabes?-preguntó.
-Simplemente no me querías...- no dijo nada. No tenía pinta de querer decir nada. Me pregunté donde se había quedado su cara de dibujo animado, sus sonrisa inoportunas, sus chistes malos. El decía que no había madurado, pero no era el mismo. No era aquel que yo conocía.- Oye... es tarde. Comienzo a delirar.- sonreí.- Me voy ya... que solo quedamos nosotros. Nos vemos otro día, ha estado bien esto de recordar viejos tiempos, ¿verdad? 
Me volví, dispuesta a salir por la puerta y enfrentarme a la fría ciudad. Fría y solitaria....
-Una vez me rompieron el corazón.- aquella frase me retumbó en los oidos.- Además de forma ruin, ¿te acuerdad? Lo pasé de pena... Lo pasé peor que de pena. Casi que quería morirme. ¡Y mira como tenía que estar, con lo bobo y feliz que soy yo, para querer morirme! No te voy a decir que me salvaras la vida, porque no lo hiciste... Pero me vinieron muy bien esas tonterías y esos abrazos y esas cosas tuyas. Ahí me empecé a fijar en ti. Me fijé en que solo tenía que darte un toque para que supieras que necesitaba algo, en como te esforzabas por que pareciera que no es que quisieras hacerme reir, que va, es que tú eras así... Siempre, siempre estabas en los malos momentos, pero no te importaba desaparecer en los buenos. - tomó aire, levantandose él también, frotandose la nuca con la mano izquierda.- Por eso, te hiciste importante, más importante de lo que te crees. Entonces me di cuenta de todo eso que te pasa, de que te ponías triste a una velocidad casi enfermiza. Que quieres que te diga, no me parecía justo; un corazón roto se arregla con el tiempo, pero ¿tú por qué sufrías? ¿Cómo podía devolverte el favor?
-No te hacía un favor aquellas veces...
-Luego, siempre sonreías. ¡Siempre! Nunca nos permitias ver lo mal que estabas en realidad. Eras diferente. Eras mi mejor amiga. Y, cuando nos distanciamos, que quieres que te diga, había días, domingos sobre todo,en los que pensaba que me moría de pena. Y no podíamos hacer nada porque era la vida la que nos separaba.- se mordió los labios, sonriendo.- Es muy triste, pero ¿qué le vamos a hacer? Por eso, si te digo que te quería es porque te quería. Me han roto el corazón otro par de veces pero ese es el precio de conocer a personas que valen la pena. Ahora, sin ir más lejos, salgo con una chica increible... No es el mismo tipo de amor... Pero si, a ti también te quería. Es más... nunca quise a nadie como te he querido a ti... Porque llegué a un punto en el que dejé de idealizar la amistad, como te he dicho antes y no volví a conseguir a nadie como tú.
Me quedé callada, con la boca entreabierta. 
Había vuelto.
Él había vuelto.
O igual nunca se había ido.
-Así que venga, te acompaño a casa.- dijo, acercandose a mi, quitandome la bufanda de las manos y envolviendome el cuello con ella.- Así nos hacemos un resumen de todo lo que nos hemos perdido en estos... ¿Seis años?
-Cinco...- sonreí.- Han sido solo cinco...




4 ene 2010

Restos del sábado.

"¿Qué? ¿Cómo dices? ¡Ah, si, claro, me encantaría seguir bebiendo contigo! Me encantaría seguir viendo tus ojos verdes y cómo me sonries mientras buscas otro trago. Me encantaría seguir observando cada uno de tus movimientos y aspirando desesperada tu olor, tus feromonas, tu algo... Si, ese algo, ese algo pegajoso, empalagoso y mutilante que tienes, que va robandome poquito a poco pedacitos de mi misma. Y ni siquiera te das cuenta. Me encantaría seguir disfrutando del ciclo de tu incesante parpadeo, de tus descuidos y de tus torpezas. De tus abrazos, de esos besos en la mejilla que me das cuando te has pasado y has hecho que me enfade. Me gustaría mucho que siguiera siendo en mi en quien te apollaras cuando empiezas a ver doble, cuando estás muy cansado. Me gustaría que volvieras a acariciarme el pelo como aquella noche, que volvieras a cuidarme como aquella noche, que volvieras a mirarme como aquella noche. Sería cojonudo, cariño. Me encantaría poder dejar de adivinar el tacto de tu piel y poder sentirla, que tiene que ser mil veces más placentero. Me encantaría ser la que te acaricia la espalda, la que te ve dormir cada mañana. Me encantaría que dejaras de repetir que soy tu mejor amiga y que me comieras la puta boca de una vez, porque te aseguro que, a estas alturas, no voy a aguantar mucho más esperandote. Me encantaría poder exigirte cosas, como que me quisieras.
¡Joder, eso, eso es!
Que me quisieras a mi.
Que me quisieras a mi y que no la quisieras a ella."

Nubes


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