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2 jul 2010

Gatas.

Me gusta la sonrisa de idiota que se te pone cada vez que imaginas como te desabrocho uno a uno los botones de la camisa.
A las gatas de calle, como yo, nos basta con un par de caricias antes de irnos a dormir. Deja la ventana abierta, que me deslizaré por tu tejado y me colaré en tu cama sin que te de tiempo a rechistar. Puedo apostarme mi tiempo y el tuyo a que esta adicción tan tonta - tu adicción a mi- te hará despertarte más de una noche ardiendo y odiando el que yo no esté para comerte a bocaos y repasar anatomía -la tuya, puestos a especificar. Esta vez son mis demonios los que se cuelan en tu cama y tus vaqueros desgastados los que acabarán los primeros en el suelo de la habitación. Y es que a veces no te crees que soy incandescente, oye, y que nunca me termino de apagar. Pero en fin, nos conocemos, y si te ronroneo lo suficiente al oído sabes que no vas a resistirte mucho a venirte conmigo a jugar al sofá. O a donde sea. Lo importante es que sea a mi a quien arropes cuando los malos momentos se me metan en los pulmones pegados al aire frío del invierno y a la sinrazón de mi cabeza atolondrada y defectuosa. Que a las gatas malhumoradas también nos viene bien de vez en cuando pasar el invierno en un rincón calentito. Para evitar infecciones de corazón y parásitos en el alma, ya sabes.
Y es que, por muy zorra y puta que sea, a mi también me apetece tener a alguien bueno a quien poder querer, aunque solo sea para que no se me oxiden los latidos y evitar ese chirrido tan molesto que me hace estremecer los tímpanos y no me deja oir nada más.
Pero, eh, tranquilo, que no voy a pedirte imposibles, no voy a exigirte que me quieras...




A las ilusas como yo nos vale solo con que lo parezca.

22 jun 2010

No hay invierno sin primavera, Héctor.

A Héctor le pesa la melancolía en los bolsillos cual nimia calderilla inservible. En su cabeza, las palabras se van transformando en notas, creando una melodía difusa que no es capaz de entender bien. Líneas que se dibujan y desdibujan, ya sabes. Paralelas sin pareja y contrabajos sin sentido. Se le llenan los ojos de recuerdos -a veces, no tan felices.- y ya no sabe que hacer.
Llueven tormentas y el frío cala hasta los huesos. Parece que las mariposas tardan en volver.
Pero, ¡eh!, es solo cuestion de tiempo.
Se merece que las cosas empiezen a salir bien.





(No hay invierno sin primavera!)

2 jun 2010

De casualidades cinematográficas

Las cosas, a veces, si que son como en las películas.
Necesitabas que alguien apareciera y se llevara la monotonía que te empolvaba los cuellos de la camisa. Alguien a quien regalarle toda la tristeza que te pesaba en los bolsillos. Alguien con quien mirar la luna, alguien con quien huir a Siberia. Alguien, sin más. No te importaba que no fuera tu media naranja ni tu medio limón. No querías a una princesa en apuros, te bastaba con una bruja, aunque fuera la más mala del cuento. Ni boca de fresa ni ojos de cielo. Con que fuera de verdad, con eso valía. Con que supiera dar minimamente un abrazo, una caricia, un susurro... Con que te mirara a ti y solo a ti, eso era lo que querías, lo que buscabas, lo que necesitabas.
Desesperadamente.
Y entonces, llegué yo. Así de fácil, así de simple, solo por casualidad.
Tampoco soy especialista en estas cosas pero creo que, si lo intento, te puedo salvar la vida.
Dame tiempo.
Tú solo dame tiempo y te aseguro que, cuando menos te lo esperes, conseguiré quererte.
Y conseguirás quererme.
Y las cosas dejarán de irnos tan mal.

Nubes


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