2 dic. 2010

Al calor de una vela

Cada uno ama como quiere.
O como puede.
O como le permiten hacerlo.


21 nov. 2010

Centré mi vida en huir de tu recuerdo.

Durante una temporada centré mi vida en huir de tu recuerdo. Escapé de nuestra ciudad, dejé a nuestros amigos. Intenté alejar de mi todo lo que alguna vez compartimos. Bien es verdad que habíamos acabado siendo poco más que unos extraños pero, aun así, no estaba preparada para un final tan definitivo, para un adiós tan arrollador. Cuando me golpeó tu ausencia en la cara ni siquiera fui capaz de llorar. Pasaron meses hasta que una sola lágrima consiguió rodar por mis mejillas, y es que me habías dejado anestesiada, dormida; el mundo para mi había dejado de girar y solo me quedaba esperar, desesperada, a que las manecillas siguieran su curso. Sabía que solo así podría borrar de mi cuerpo el dolor que habían dejado tus ausencias.
Intenté recomponer los fragmentos deshechos de una vida que sabía que era prestada y hacerlos algo más confortables, menos fríos. Finalmente, me quedé en París. Me conoces y sabes que no soy de esas que fantasean con Torres Eiffeles iluminadas y croisants llenos de amor pero supongo, -y solo supongo-, que fue ese aire desgastado de la ciudad lo que me ancló a calles que habían vivido mucho, muchísimo más que yo. Conseguí un pequeño ático en el centro y me matriculé en Bellas Artes ya que necesitaba un permiso de estudiante para permanecer en el país. Fue un ejercicio para una de las asignaturas lo que me llevó precisamente a recorrer aquel enorme cementerio del Montmatre, el barrio bohemio por excelencia. Sonreí, melancólica, pensando que me adentraba en el reino de la Muerte, como hiciste tú antes que yo. Y es que, hermano, siempre fuiste el primero de los dos.
Comencé a llenar la hoja en blanco de trazos que simulaban sombras sin ser capaz de ponerle demasiado empeño. Entonces me fijé en un pequeño rosal que crecía justo en medio de uno de aquellos pasillos entre panteones. El tallo se retorcía, aferrándose a una roca descolocada y un par de capullos tiernos parecían querer transmitir algo de color a aquellos dominios tan grises que sabían a lluvia y a tormentas olvidadas. No se si fue el color rosa, o simplemente el hecho de que esa pequeña flor intentara tomar un lugar tal baldío, donde la vida estaba casi prohibida. 
Entonces, por un instante, pude verte. 
Ahí, a mi lado.
Tu ropa de artista del rock, tu pelo teñido siempre de ese color tan chillón. Tus ganas de que te miraran, de influir en las personas, de enternecerlos hasta el llano o compartir un poco de esa euforia que te recorría en el clímax de cada canción. Nos vi de pequeños compartiendo lápices de colores, nos vi de adolescentes contándonos toda clase de secretos, protegiéndonos. Nos vi en tu primer concierto. Nos vi siendo desgraciados, nos vi siendo felices, nos vi siendo lo que siempre habíamos querido ser. Vi también como nos distanciamos y me tembló el corazón. Se me escapó un suspiro. sentí tu aliento en mi nuca y tu mano en mi hombro. 
Estabas conmigo.
Pero, de golpe, apareció uno de esos barrenderos, miró el pequeño rosal y decidió que no estaba en su sitio. Lo arrancó de un tirón, sin pre aviso, sin disculparse. Sin ningún cuidado lo metió en la bolsa de basura que cargaba y continuó su trabajo.
La realidad me golpeó tan fuerte que casi me caigo de espaldas. Y es que nada había cambiado; seguía en París, viviendo una vida prestada. Y tú, hermanito, te habías suicidado hacía más de seis meses. No ibas a volver. Nada volvería a ser igual.
Nunca.


14 nov. 2010

Unknown

Everything will be okay in the end. 
If it's not okay, it's not the end. 

(Unknown)



11 nov. 2010

Prometo desaparecer.

Prometo desaparecer, cambiarme el nombre. Huir a otra ciudad, buscar nuevos amigos. Prometo no montar escenas en restaurantes cuando te vea con cualquier otra chica. Prometo que no hará falta que volvamos a vernos, que cambiaré de acera cuando nos encontremos por la calle. No habrá malas caras ni culpas, lo juro. Prometo esconder los te quieros que me regalaste, que ninguna de las caricias que me diste salga de las cuatro paredes de mi habitación. Prometo quedarme con mis inicios excelentes y todos esos esbozos de novela que te enseñé. Prometo olvidar los paseos y las buenas palabras, las tardes bajo el sol de invierno.Prometo olvidar tu numero, no volver a llamarte. Prometo que no habrá más abriles, ni mayos, ni junios. Que no habrá helados, que no habrá despedidas ni medias sonrisas, ni música. Prometo hacer como que nunca nos hemos querido una vez decidas que no quieres perder más tiempo conmigo. Los gestos se convertirán en humo y no tendrás que volver a preocuparte por mi.





Y es que una vez prometí, no se si lo recuerdas ya, que haría lo que fuera para hacerte feliz.
Conmigo o sin mi

7 nov. 2010

A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.



Jorge Luis Borges


1 nov. 2010

El juego de las seis mentiras

Le miró con ojos desganados y doloridos. Pareció que aquel atisbo de sonrisa que esbozó le doliera, desdibujando un gesto que Drake había supuesto hermoso. Por un momento le dio la sensación de que Roxana no era más que una sombra, que su belleza lívida, tenue, descolorida, era solo el resto de un pasado exuberante, apasionado. Feliz. Si, esa era la palabra, un pasado feliz. En realidad, era como si Roxana fuera vieja. Un alma vieja dentro de un cuerpo joven. O algo así. El chico tiritó, envuelto en su abrigo, sin ser capaz de dejar de observarla, cubierta por un escaso jersey, mientras fumaba de la forma más sensual que él jamás había visto. Entonces la chica lo miró, sin cambiar su gesto. Expulsó el humo con suavidad por la boca. Y habló.

-Tú y yo nos hemos amado como desesperados, Drake. Nos hemos querido con toda nuestra alma. Durante más de cien vidas, con más de cien nombres y a través de cien siglos. Hemos sido desde siempre y por siempre parte esencial uno del otro. Hemos muerto de pena, de amor. Nos hemos separado pero siempre, siempre, siempre hemos conseguido volver a encontrarnos en otros ojos, en otros cuerpos. Hemos probado lo mejor y lo peor de la vida, hemos contemplado los Soles más brillantes y hemos huido de las peores tormentas. Y nos hemos querido. Nos hemos querido como niños, como hermanos, como dementes. Nos hemos deborado con la vista, con la boca, con las manos... No hay pliegue de mi alma que no conozcas, Drake, ni uno solo. Lo que pasa es que no te acuerdas. No se cómo lo has hecho, pero lo has olvidado; me has dejado sola. Te has escondido de tal forma que ni tú mismo puedes encontrarte. Solamente quiero que sepas que va a llegar el momento, no se cuando, en el que vas a recordarlo todo. Vas a recordar nuestros domingos observando las estrellas, nuestras tardes bailando jazz, los días de playa en el 64 y los viajes en coche del 92. Y entonces, querido mío, rezo porque te mueras de pena. Rezo porque sufras tan solo una mínima parte de lo que llegué a sufrir yo.-


El juego de las seis mentiras



29 oct. 2010

"Sabía que los demás no se acercarían, pero le daba igual. Después de todo, la única cosa que la diferenciaba del resto era que supo aceptar a ese monstruo que todos llevamos dentro. Era eso, al fin y al cabo, lo que la hacía libre"














Tengo que darle las gracias a Vanhea por el premio que me dio en su blog : )
¡Me siento muy halagada y siento haber tardado tanto en darle las gracias como se merece!
¡Muchísimas gracias!

16 oct. 2010

13 oct. 2010

Miau.



Siempre me fueron más las maneras de leona que las de lindo gatito.

12 oct. 2010

Las nubes lloraron piedras

Sentí como la lluvia me empapaba y no pude dejar de sonreir. El agua recorrió mi anatomía, envolviendo mis poros en dulces caricias heladas. Las nubes lloraron piedras, el viento gimió palabras mudas. Sentí que podía volar y las horas se me volvieron minutos. Sentí la tierra bajo mis pies y el oxígeno se coló como quien no quiere las cosa en mis pulmones. Me pesaban los huesos, si, pero no me importó. Y es que mi piel de golpe ya no era como una carcel. Lentamente, mi corazón comenzó a latir. Las neuronas defectuosas enviaron sus impulsos electricos. Sentí mi cuerpo como nunca antes lo había sentido. Y me gustó.
De golpe me gustaron las mañanas, los domingos, el café, las noches oscuras.
Me gustó estar viva, no se.
Me gustó poder volver a empezar.


11 oct. 2010

Comunicación Visual.


Estudia.
Aplícate.
Conoce la norma.
Solo así podrás transgredirla.


8 oct. 2010

"Te quiero porque dueles, Dara"




"Te quiero porque dueles, Dara. Me dueles a mi, les dueles a ellos. Pero, sobre todo, te dueles a ti misma. Te haces daño y disfrutas haciéndolo. Disfrutas intentando no quererte porque piensas que mejor lo malo conocido y que, si eres tú la causa de tu sufrimiento no lo será otra persona. Por eso…"

"¿Me quieres porque te hago daño?"

"No, idiota. Te quiero porque necesitas desesperadamente que alguien lo haga, que alguien te quiera. Y para que aparezca cualquier otro que lo haga mal, prefiero hacerlo yo, que ya te voy pillando el tranquillo."


4 oct. 2010

Desde entonces

Tus manos se deslizaron por mi cintura y no quise decir más. Tu aliento resonó en mis oídos y tu nombre se escapó de mis labios. Temblé y sonreiste cual encantador de serpientes. Entonces se me quitaron las ganas de discutir, de respirar. Se me quitaron las ganas de tenerte tan -tan- lejos, de que tu olor me fuera ajeno y de no encontrar tus ojos cerrados por las mañanas. Decidí que tenerte dentro sería la mayor de las victorias, aunque nunca hubiesemos librado una guerra. Sería una victoria sobre la vida y sus golpes duros, supongo. Así que, sin más dilación, me hice dueña de tus gemidos y sombra de tus siluetas, me deslicé por tu cuerpo cual gota traviesa de sudor. Me alimenté de tus suspiros y tu te estremeciste cada vez que grité tu nombre. Bajamos, subimos y acariciamos los límites entre el éxtasis y el cielo.
Y, a la mañana siguiente, abrí los ojos. Tú seguías ahí, somnoliento, con tu cuerpo desnudo cubierto por la sábana. Exausto, deshecho.


Desde entonces, noviembre me parece el mes más dulce.

30 sept. 2010

Ismael sacó la taza humeante del microondas. El olor a chocolate inundó la cocina, mientras él no podía evitar sacudir la cabeza. La puerta entreabierta le permitía ver a Dara sentada en aquel sofá blanco que tanto le gustaba, es en el que habías compartido tantas caricias y orgasmos. Ella solía decir que aquel sofá era lo que más le gustaba de la casa del chico, que olía como él. Sin embargo, esta vez Dara no tenía gesto. Se mantenía acurrucada, abrazada a un cojín de color cielo nublado, como sus ojos en ese momento. No sonreía, apenas se movía, daba la sensación de que casi ni respiraba. Se mantenía silenciosa, estática, mientras los minutos y segundos se le escurrían al reloj. Entonces Ismael no sabía si mirarla o no mirarla porque sabía que nada más que el tiempo podía hacerla sonreír. Había aprendido a comprender sus ataques de tristeza y sabía que por mucho que hiciera no conseguiría arrancarle una sonrisa en condiciones.
-Eres idiota...- se dijo, mirando el oscuro chocolate, incapaz de reprimir su desagrado. Tomó aire y se dirigió al salón.
-¿Ponen algo bueno en la tele?- preguntó, fingiendo indiferencia, mientras se sentaba al lado de la chica.
Ella le miró durante unos segundos, son cambiar su expresión. Por un momento él pensó que le ignoraría, que se encogería de hombros y que esa sería su única respuesta.
Pero, de pronto, ella le abrazó. Apoyó la cabeza en su hombro y él tuvo que hacer malabares para que la taza no se cayera.
-¿Sabes cuando empecé a quererte?- preguntó Dara, sin mirarle, pegando la cabeza a su pecho.
-¿Qué?- dijo él, dejando que se acomodara, bebiendo un poco de chocolate.
-Que si sabes cuando empecé a quererte. A quererte de verdad. No solo sexo, ni cariño... Digo amor. Del bueno, del de las películas.
-Pues... no. No me había parado a pensarlo.
-Fue una tarde del invierno pasado, cerca de navidad. Yo estaba... bastante peor que ahora. Llevaba días así y tú te estabas volviendo loco, no sabías como comportarte ni qué hacer. No comía, no dormía... Nada. Estabas realmente preocupado y te preguntabas si realmente habías hecho bien. Si yo era demasiada responsabilidad para ti, si estaría mejor con otro. Ibas a proponerme que lo dejáramos, pero te resistías a hacerlo. El caso es que aquella tarde, mientras llovía, hiciste chocolate y lo trajiste aquí. Me enfadé, te dije que no te lo había pedido, que no lo quería. Pero entonces tú pusiste tu mejor cara de suficiencia y dijiste que no me hiciera la lista, que ese chocolate era para ti. Al rato conseguiste, como quien no quiere la cosa, que diera un trago y dos y tres. En dos días yo ya estaba como nueva y todo se quedó en eso, en una mala temporada. Y es que nunca he vuelto a sentirme tan mal como entonces...
-No lo entiendo.- Ismael frunció el ceño.- ¿Me... me quisiste por haberme hecho chocolate?
-Cosas mías.- ella le quitó la taza de las manos, dando un leve sorbo y cerrando los ojos.- Ya sabes cuanto me gusta... Una pena que a ti te de tanto asco.
El chico desvió la mirada, sonrojándose.
-Toma el mando.- dijo ella, zanjando el tema.- Yo ya tengo todo lo que necesito.


27 sept. 2010

Donde habite el olvido

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Luis Cernuda







21 sept. 2010

La rebusca


Frío, como los témpanos, como ese fondo de frigorífico pendiente de una correcta descongelación, y como muchos otros adjetivos que a cualquiera se le puede ocurrir. Eso es lo que pensaba ella al ver semejante panorama. Todo revuelto, tirado por el suelo, nada tiene lógica y daba la sensación de que alguien se había esmerado en dejarlo así, con saña. Pero ¿qué andarían buscando entre sus braguitas multicolor, una en la ventana y otra en el radiador? Nada tenía guardado de valor, era de esas personas que si iba a morir, moriría con las botas engarzadas de diamantes puestas.

Descolgó el teléfono, y tres números marcó. A alguien tendría que dar aviso de esa violación de lo que ella consideraba trivial, su intimidad. Quizás fuese eso lo que querían robar. Respuesta recibió, y sobre lo acontecido relató lo poco que ella sabía, y lo mucho que angustiada se veía. La tranquilizaron, la informaron de que alguien iría a atestarlo, y colgaron, que el teléfono está muy caro.

Mientras la visita esperaba, nuestra amiga se puso a recoger el desastre que enterraba su habitación, ya de paso descubrir qué es lo que faltaba. Poco a poco, las cosas aparecían unas detrás de otras, y estaba todo. De repente, una campana se oyó a la lejanía del pasillo de la casa. Fue a abrir, y al otro lado un azulado libreta en mano y mirada de “hago esto porque quiero comer” se dispuso a enterarse de lo acontecido en el cuarto piso sin ascensor de esa casa céntrica. Poca respuesta obtuvo, y en cuanto se dio por satisfecho, se despidió con un “tenga cuidado”, y marchó con sus gestos cuadrados.

Después de la sincronizada escena, un segundo número de teléfono cruzó su mente atareada en devolver a su estado original su morado cuarto. Su dedo voló sobre el teclado, y en cinco segundos de reloj, una grave voz sonó. Relamidas frases, indirectas lanzadas a hueso y explicaciones después,  la voz se personificó en su puerta. Al final, todo había vuelto a su orden, y eso sólo había una forma de celebrarlo.

Pero, en medio de la fiesta, ella descubrió qué le habían sustraído. Algo que, aunque barato, en un momento así no tenía precio en este mundo de los deseos, de los sentimientos, y de los suspiros ante los rayos de un sol de otoño. Y que, a su pesar, la celebración cortó, hasta que unos nuevos pudo recuperar.

La habían robado los condones.




 Recien sacado del horno, esto es un regalo de Héctor el magnífico.
Os recomiendo que le busqueis en su rinconcito, no tiene desperdicio!
                                                                     EET FUK

15 sept. 2010

Desde entonces vivo

"Le pedí que me quisiera y dijo que noviembre no es mes para querer. Que estaba muy ocupado intentando mantener su sangre en constante movimiento y pensando en sus deberes. Que lo sentía, que otro día. Me rompió el corazón y me senté a esperar. Entonces llegó la vida y me sorprendió con los zapatos puestos así que pensé, ¿por qué no? Y me lancé a la aventura. Desde entonces no me importa que él no me quiera, ni que sea noviembre, ni los deberes atrasados. Desde entonces vivo. ¡Y eso no me deja tiempo para nada más!"

8 sept. 2010

Enero del 92

-¡Joder, Anne!¡Eres insoportable!¿Hay alguien que no se haya cansado ya de tus aires de grandeza? Cada día estoy más seguro de que he hecho bien acostándome con otra, que te lo merecías, que es culpa tuya por ser así...

-¡Aires de grandeza, dice! Pero vamos a ver, ricura, ¿cómo no voy a tenerlos si siempre hago las cosas bien? Soy realista y no voy a negarme que siempre tengo razón... Solo me he equivocado dos veces en la vida; una fue en enero del 92, que me compré una cazadora con hombreras. La otra fue cuando convertí follar contigo en una costumbre... ¡Si ni siquiera lo haces bien!




6 sept. 2010

Nadie dijo que fuera fácil.

Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra. Quizás el botín de tan larga campaña -y lo que te queda todavía- no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero el botín es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tu has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hata el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.
Ahora sabes que todo merece la pena.
La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no están en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que llevaba libros a las horas de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que cargaba la mochila con El guardian entre el centeno o El Señor de los Anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía antes que ir a gritar al parque de atracciones. Que se enfrantaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que se había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quien era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo si no precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta, diferente.
Mírate ahora, tan lejos de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mazquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, de que la niña callada del banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera, con tus libros, con tus películas, con esos amigos que no sabes cuanto durarán y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.
Y si no lo sabes te lo digo yo, amiga; no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar muros espesos que te rodean.
Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.


Arturo Pérez-Reverte


Pdt:
por escribir lo que psiensa 
sin pensar en lo que escribe.

2 sept. 2010

Amarillo, azul turquesa y añil.

El cuarto de Dara era un lugar un tanto extraño. La ropa colgaba de uno de esos percheros que tienen las estrellas de cine en sus camerinos, con un biombo rojo al lado que parecía sacado del Japón más oriental. Algún que otro peluche de mirada perdida y vacía observaba desde la mesilla, mientras que miles de fotografías cuyas imágenes eran difíciles de definir adornaban las paredes. En la única que quedaba totalmente libre alguien había dibujado un enorme camaleón verde que descansaba sobre una pequeña ramita, sobre un fondo amarillo, azul turquesa y añil. El escritorio estaba abarrotado de papeles, bolígrafos, lápices, cuadernos... Un pequeño cactus coronado con una flor violeta se escondía en una esquina, mientras que sobre la estantería, donde los libros casi no cabían, había varias botellas vacías llenas de arena de colores brillantes. ¿Y los libros? Los libros, si. Estaban por toda la habitación. Al parecer había conseguido reunir tantos que ya no sabía donde meterlos, y los había colocado por todas partes, unos encima de otros, formando columnas, apoyos para otras cosas... Como poco habría mil.
Ismael, que era -entre otras cosas- un amante del orden, no podía evitar pensar las pocas veces que entraba allí que era imposible dormir en un lugar como ese. La anarquía no es buena compañera de cama, era imposible concentrarse.
-Dara- dijo, decidido, mientras ella le empujaba sobre la cama.- Tienes que ordenar esto algún día...
-¡Que dices! Si ya está ordenado - dijo sin mirarle, mientras le desabrochaba los pantalones.- Es el caos más perfecto que he sido capaz de crear.
Y claro, mientras alguien te está quitando la ropa a mordiscos es un poco complicado mantener alguna discusión.

19 ago. 2010

"Mar adentro, mar adentro. Y en la ingravidez del fondo, donde se cumplen los sueños se unen tantas voluntades para cumplir un deseo. Un beso enciende la vida con un relámpago y un trueno. Y en una metamorfosis mi cuerpo no es ya mi cuerpo. Es como penetrar al centro del universo. El abrazo más pueril y el más puro de los besos, hasta vernos reducidos en un único deseo. Tu mirada y mi mirada como un eco repitiendo sin palabras: más adentro, más adentro. Hasta el más allá del todo por la sangre y por los huesos. Pero me despierto siempre, y siempre quiero estar muerto. Para seguir con mi boca enredada en tus cabellos."
Mar Adentro


14 ago. 2010

Esta noche tocaba embriagarse. Tocaba dejarse arrastrar por el aroma dulce del vino, mientras este acariciaba mis cuerdas vocales. Tocaba hacerse trizas la ropa, quemar las suelas de los zapatos. Tocaba venderse un poco, dejarse llevar, extasiarse. Tocaba que el cuerpo se desentendiera del alma y que esta, caprichosa, se fuera a bailar entre los eflubios del tiempo, que tiende a jugar malas pasadas y a confundir al receptor con un mensaje cifrado. Hoy tocaba olvidarse, abstenerse. Hoy tocaba que mandara la piel, no la mente, porque el alma es ligera como el viento, mientras que la piel muerta pesa 14 toneladas.
Pero otra vez las cosas no son como una quiere. Todo se limita al "yo me lo guiso, yo me lo como". Como siempre. Mañana la razón llamará a mi puerta y los ladridos de los perros me recordarán lo que he hecho y dejado de hacer mal. Aun así, las aguas seguirán su rumbo y nadie vendrá a salvarme de mi misma y del resto. Porque no, amigos, es el resto el que nos hace más daño, porque mentirnos a nosotros mismos no nos duele tanto como mentir a los demás. Aunque pese.
Así que, recontando, ¿qué más nos queda? Sufrir en silencio una apariencia opuesta. Porque los demás no van a creer más de lo que les muestran sus ojos y para buenos actores -como yo- el ser y el parecer no son para nada lo mismo. Y es que hay una que se rie por fuera mientras que la de dentro sangra. Así, las palabras se arremolinan en mi cabeza y no me atrevo a dejarlas salir porque, si lo hago, las cosas no van a ser igual y no me arriesgo, tristemente, a encontrar algo peor y más miserable en mi camino.
En fin, que se equivocan. El "mejor sola que mal acompañada" no es cierto. Y todo el que lea estas palabras es consciente de ello. Solo nos queda atrevernos, tanto a vosotros como a mi, a ser sinceros.
La libertad me pesa tanto como me falta.
No, esperad, solo me falta.
Ahí queda eso.

13 ago. 2010

Mensaje cifrado.

-Cariño, creo que tenemos que romper.

-¿Pero... qué estás diciendo, Anne? ¿Por qué?

-Porque puedo soportar muchas cosas. Puedo aguantar que vengas apestando a su perfume. Puedo soportar que te mire con esos ojitos de cordera degollada cada vez que os encontráis en el trabajo. Puedo soportar sus pintas de secretaria de película porno, esa forma de hablar tan vulgar que tiene y esa cara de "me estoy follando a tu novio" que pone cuando nos vemos por ahí. Lo que no aguanto, querido, es que me vengas a casa con la polla manchada de pintalabios. Y no un pintalabios normal, no, si no ese color tan horrible. Solo de pensar que mis gustos coinciden con los de una mujer que lleva ese color en la boca me dan arcadas. Y las arcadas tienen muy poca clase, cielo.

7 ago. 2010

Y bailas...

Llevas los siete pecados atados a la cintura y yo, chiquilla, no puedo dejar de mirarte, mientras te contoneas cual sirena caminando de un lado a otro en el bar ¡Pobre de mi, mezclando las ganas de tenerte con vodka aderezado con miedo e imaginando el sabor de tus tatuajes sobre tu piel morena!Y tú bailas y yo me vuelvo loco, chiquilla, loco por saber tu nombre y por meterme en tu cama, loco por cada uno de tus parpadeos y por el aire que sale de tus pulmones. Y tus ojos de avellana, chiquilla, que me descuartizan el alma. Me robas las ganas, me robas los días y las noches, que dedicaría una y mil veces mi tiempo a comerte entera.
Y bailas, chiquilla, y sigues bailando, y las notas de tus silencios me despiertan más que cualquier melodía. Cambiaría de planeta por ti, chiquilla, te regalaría mil lunas. Y es que son, chiquilla, tus medias de rejilla las que encarcelan mi alma y tus zapatillas de lona las que te llevan lejos de mis pensamientos. Es tu camiseta de tirantes la que imagino durmiendo en el suelo de mi habitación. La tuya, chiquilla, la tuya.
Matahari de barrio y cenicienta de sueldo, estás más muerta que viva, chiquilla.
Y lo sabes.
Y por eso no te paras. Y por eso es porque bailas. Porque tu corazón ya no late, chiquilla, y tienes miedo de que tu sangre se detenga y no te permita volver a soñar.
Chiquilla de inocencia robada, princesa de cada madrugada, mientras bailas espero que no te acabes convirtiendo en la sombra de todo cuanto te has atrevido a ser. Formas de niña y maneras de mujer.
Baila, chiquilla, bailame...

6 ago. 2010

; )

Podría escribir los versos más tristes esta noche...

pero es que no te los mereces.




Y es que ya ha llegado la hora de empezar a querernos más a nosotros mismos.
¿No os parece?
;   )

31 jul. 2010

Ropa que estorbe, promesas que sobren.

Nada más mirarte de frente supe qué era lo que escondías tras esos ojos de azul océano. Buscabas resquicios por los que dejar huir el deseo que se agolpaba en tu cintura. Malas personas, podemos decir. Querías a alguien que te dejara seco y vacío, que te mirara a los ojos mientras te quitaba la ropa a mordiscos. Querías a alguien a quien no fueras a volver a ver, alguien que hiciera que no te sintieras culpable por contar sus lunares una noche de verano. Alguien con quien poder ser salvaje, desconsiderado, alguien que te devolviera los golpes y te destrozara la espalda con sus arañazos. Alguien a quien le importara tu cuerpo, no tu alma. Alguien que te hiciera estallar, olvidar, suspirar, gemir... Un amor de veinte minutos, de esos que luego se van por donde han venido, sin dar ni pedir una explicación. Uno que sepa a alcohol y a cigarrillos, y que su piel se cubra del sudor desesperado de los incandescentes. Alguien a quien apagarle las ganas a cambio de una sonrisa cómplice, alguien con quien compartir un deseo mudo, caricias silenciosas y jadeos hechos de nitroglicerina.
Alguien con quien no hiciera falta fe, solo pasión.
El alma que faltaba en tu cama.
Ropa que estorbe.
Promesas que sobren.


¡Una pena, ojos azules!
¡Tan lento como siempre!
Podrías haberte dado cuenta antes de que era yo lo que necesitabas.

27 jul. 2010

La primera vez que se vieron la Tierra no dejó de girar. No hubo estrellas fugaces ni fuegos artificiales. Ni siquiera se miraron a los ojos.
Ella llevaba Slipknot en los oídos, demasiado alto como para permitir que el resto del mundo le importara lo más mínimo. Él, sentado al fondo de aquel vagón de metro, paseo su mirada sobre su cuerpo, recordando el por qué le gustaba tanto el verano y las falditas que este se traía, cada año más cortas. Su mirada se enredó en el pelo de la chica, bajando despacio y cayendo sobre su piel como gotitas de lluvia, memorizando sus curvas de mujer recién estrenada. Ni siquiera le vio la cara y es que; ¿qué falta le hacía? No pensaba en amor en aquellos instantes, si no más bien en algo menos místico y más carnal.
El metro se detuvo, las puertas se abrieron y ella se ahogó en el río de gente que viene y va, como el azul del mar de alguna canción. Él agachó la mirada, volviendo a centrarse en sus apuntes y no volvio a pensar en ella.
Hasta que volvieron a encontrarse.
Y es que no se a vosotros, pero a mi el amor -con sus cuatro letras.- me parece algo tan serio que es imposible encontrártelo un día, tan tranquilo, caminando por la calle.
La historia de estos dos vale mucho más que eso... Ya veréis, ya!



Vuelvo, no se por qué, pero no puedo estar un minuto más sin escribir.
Gracias a todos por los mensajes de ánimo, no sabeis la falta que me hacían!

13 jul. 2010

Despedida

Me he cansado de ser una hipócrita. Me he cansado de no ser capaz de sentir todas esas cosas que escribo. Me he cansado de estar desganada, de obligarme a mi misma a encontrar las palabras más bonitas, las más adecuadas para expresar algo que me es desconocido, que no se hacer.
Creo que es hora de dejar de tener la cabeza llena de pájaros y aprender que hay ciertas cosas que tienen que tener prioridad y perseguir quimeras no es una de esas cosas.
Es lo que tengo, que cuando estoy triste y llueve me vuelvo una inútil. A día de hoy, sentirme inútil es el peor reproche que puedo hacerme a mi misma. Porque se que no soy como el resto y, tristemente, tampoco puedo cerrar la boca y aparentarlo. Me ahorraría este testamento, al menos.
En fin, que gracias a todos por haber perdido vuestro tiempo con mis fantasmas, pero creo que ha llegado la hora de empezar a hacer las cosas bien -y las paradojas de una escritorzuela frustrada y de poca monta no entran, desde luego, en ese tipo de cosas.
Sin más, me despido.
Gracias a todos.

12 jul. 2010

Hoy, te regalo mis ojos si tú me prestas tu sonrisa.


9 jul. 2010

Los árboles eran altos y triangulares. Estaban serenos.
Liesel sacó El árbol de las palabras de la bolsa y le enseñó a Rudy una de las páginas en la que aparecía un niño con tres medallas colgando del cuello.
-"El pelo de color limón"-leyó Rudy. Tocó las palabras con los dedos.- ¿Le hablabas de mi?
Liesel no pudo responder enseguida. Tal vez fue la súbita sacudida amorosa que sintió por él. ¿O había sido así siempre? Era probable. Privada del habla, deseó que la besara, que la agarrara de la mano y la atrajera hacia él. No importaba donde. En la boca, en el cuello, en la mejilla.
Tenía toda la piel libre para él, a la espera.
Unos años antes, cuando corrían por un campo embarrado, Rudy era un saco de huesos ensamblados con prisas, de sonrisa escarpada e irregular. Esa tarde entre los árboles era alguien que repartía pan y ositos de peluche. Era tricampeón de atletismo de las Juventudes Hitlerianas. Era su mejor amigo.
Y faltaba un mes para su muerte.
-Claro que le hablaba de ti- respondió Liesel.
Se estaban despidiendo y ni siquiera lo sabía


La ladrona de libros
Markus Zusak

2 jul. 2010

Gatas.

Me gusta la sonrisa de idiota que se te pone cada vez que imaginas como te desabrocho uno a uno los botones de la camisa.
A las gatas de calle, como yo, nos basta con un par de caricias antes de irnos a dormir. Deja la ventana abierta, que me deslizaré por tu tejado y me colaré en tu cama sin que te de tiempo a rechistar. Puedo apostarme mi tiempo y el tuyo a que esta adicción tan tonta - tu adicción a mi- te hará despertarte más de una noche ardiendo y odiando el que yo no esté para comerte a bocaos y repasar anatomía -la tuya, puestos a especificar. Esta vez son mis demonios los que se cuelan en tu cama y tus vaqueros desgastados los que acabarán los primeros en el suelo de la habitación. Y es que a veces no te crees que soy incandescente, oye, y que nunca me termino de apagar. Pero en fin, nos conocemos, y si te ronroneo lo suficiente al oído sabes que no vas a resistirte mucho a venirte conmigo a jugar al sofá. O a donde sea. Lo importante es que sea a mi a quien arropes cuando los malos momentos se me metan en los pulmones pegados al aire frío del invierno y a la sinrazón de mi cabeza atolondrada y defectuosa. Que a las gatas malhumoradas también nos viene bien de vez en cuando pasar el invierno en un rincón calentito. Para evitar infecciones de corazón y parásitos en el alma, ya sabes.
Y es que, por muy zorra y puta que sea, a mi también me apetece tener a alguien bueno a quien poder querer, aunque solo sea para que no se me oxiden los latidos y evitar ese chirrido tan molesto que me hace estremecer los tímpanos y no me deja oir nada más.
Pero, eh, tranquilo, que no voy a pedirte imposibles, no voy a exigirte que me quieras...




A las ilusas como yo nos vale solo con que lo parezca.

26 jun. 2010

Carta al desamor que se sale por la tangente.

Mis ganas de quererte y no quererte se quedan en empate.
Y es que, ahora mismo, se que nada de esto va a salirnos bien. Ni a ti ni a mi. Cada uno, por cierto, a un lado del abismo. En el fondo, es lo único que nos queda. Y, siendo sinceros, no puedo recomendarte que me quieras; no es sano. Te has enamorado mal, ¿sabes? Porque te has enamorado de mi.
Y es que, ¿esperas las cosas sencillas?
Con desquiciadas como yo, la vida se resume en dos extremos que, cuando se mezclan, estallan. Y no te aseguro que trocitos de ti, de tu corazón y de tu memoria, no se vean envueltos en tamaña dificultad; ya te reconstruiste una vez pero sabemos que no podrías volver a hacerlo.
Por eso, aunque ahora mismo me muera de ganas de quererte, de estar contigo, no puedo olvidarme de lo que sería mejor para ti, que viene resumido en estar lo más lejos posible de alguien que no se merece ni uno solo de tus suspiros, ni una sola de tus miradas, ni una sola de tus caricias.
Y, trsitemente -para mi más que para nadie- ese alguien soy yo.
A veces, los que queremos a alguien, -los amorosos, que dice Sabines- somos capaces de querer bien. Así, como yo quiero quererte para que, conmigo o sin mi, llegues a ser quien de verdad quieres ser.
De todas formas...




Hablamos despues, ¿si?
Cuando volvamos de París...

22 jun. 2010

No hay invierno sin primavera, Héctor.

A Héctor le pesa la melancolía en los bolsillos cual nimia calderilla inservible. En su cabeza, las palabras se van transformando en notas, creando una melodía difusa que no es capaz de entender bien. Líneas que se dibujan y desdibujan, ya sabes. Paralelas sin pareja y contrabajos sin sentido. Se le llenan los ojos de recuerdos -a veces, no tan felices.- y ya no sabe que hacer.
Llueven tormentas y el frío cala hasta los huesos. Parece que las mariposas tardan en volver.
Pero, ¡eh!, es solo cuestion de tiempo.
Se merece que las cosas empiezen a salir bien.





(No hay invierno sin primavera!)

14 jun. 2010

Michelle, ma belle...

Te imagino dormida, Michelle, con tu pelo de sol cubriendo la almohada. Imagino tu respiración tranquila, tu delgadez airada. Los ojos ciegos, la boca muda, el alma desnuda. Te imagino cansada, Michelle, cuando resoplas y pones esa cara que tanto me gusta, molesta porque sabes que lo hago a propósito. Y es que siempre, Michelle, siempre lo hago a propósito. Te imagino corriendo, Michelle, cazando mariposas una tarde de agosto, junto al río. Te imagino ligera, te imagino siendo aire, siendo niebla. Te imagino gris, blanca, negra. Azul cielo, rojo, verde, magenta. Te imagino con tu vestido blanco y tus ganas de fuego, Michelle. No puedo remediarlo.
Te imagino dibujando, pensando, leyendo. Te imagino mirando al infinito, mordiéndote los labios. Te imagino, Michelle, con los ojos llenos de lágrimas y la boca llena de sonrisas. Te imagino con hambre, con frío, con sueño. Te imagino contando estrellas y desdibujando sombras, disipando dudas. Te imagino dándome la mano en esas noches en las que la oscuridad me señala y, sonriendo, susurra que me va a comer. Te imagino bañada en el amanecer, cuando el azul del cielo deja de competir con la inmensidad de tus ojos.
Te imagino de miles de formas, Michelle. Imagino la suavidad de tu piel, la cicatriz de tu hombro, tus buenos días. Tus malas noches.
Pero abro los ojos y ya te has ido, Michelle.
Has dejado de existir, Michelle.
Y ya no puedo imaginarme contigo.


12 jun. 2010

El farero.

Me desperté junto a él, estábamos juntos. Pegajosos, mojados, abrazados. Era todavía de día o era de nuevo de día. No lo sé. ¿Cuántas veces? No lo sé.
Y ¿quién es él realmente? No lo sé. Tiene el pelo negro y mientras me toca nunca se quita los guantes rojos.
Mi cuerpo es como un ojo por delante y por detrás. En cada poro, ampollas de placer. Se abren. Estallan. siento partes de mi cuerpo que no sabía que existían. No sabía que yo era tan honda ni que estaba tan vacía. Mi cántaro estaba ansioso de tu agua. Una y otra vez. Una y otra vez.
Los ojos cerrados.
Mi vacío eran inmenso, pero tu alma también.



Aunque seamos malditas.
Eugenia Rico.

8 jun. 2010

Monstruos.



¡Y con eso basta!

2 jun. 2010

De casualidades cinematográficas

Las cosas, a veces, si que son como en las películas.
Necesitabas que alguien apareciera y se llevara la monotonía que te empolvaba los cuellos de la camisa. Alguien a quien regalarle toda la tristeza que te pesaba en los bolsillos. Alguien con quien mirar la luna, alguien con quien huir a Siberia. Alguien, sin más. No te importaba que no fuera tu media naranja ni tu medio limón. No querías a una princesa en apuros, te bastaba con una bruja, aunque fuera la más mala del cuento. Ni boca de fresa ni ojos de cielo. Con que fuera de verdad, con eso valía. Con que supiera dar minimamente un abrazo, una caricia, un susurro... Con que te mirara a ti y solo a ti, eso era lo que querías, lo que buscabas, lo que necesitabas.
Desesperadamente.
Y entonces, llegué yo. Así de fácil, así de simple, solo por casualidad.
Tampoco soy especialista en estas cosas pero creo que, si lo intento, te puedo salvar la vida.
Dame tiempo.
Tú solo dame tiempo y te aseguro que, cuando menos te lo esperes, conseguiré quererte.
Y conseguirás quererme.
Y las cosas dejarán de irnos tan mal.

23 may. 2010

Son tus ojos, Alexiel, tus ojos

Tienes la mirada manchada, Alexiel, y no se de qué es. Es una de esas manchas que no se van cuando frotas, que persisten, empañando tus ojos de cielo. Creo que esta es tu primera vez. no te preocupes, puedo arreglarlo.
Es que son tus ojos, joder, ¡tus ojos, Alexiel! Que me saben a ganas camufladas de frío, a añoranzas, a recuerdos.
Solo un poquito más, Alexiel, aguanta un poquito más.
Esta vez prometo ser yo la que vaya a salvarte.

14 may. 2010

Y mi ropa en el suelo de tu habitación.

No es tan sencillo.
No es tan sencillo como decir que le das sentido a mi vida- sabemos ambos que eso es mentira.- No es tan sencilo como hablar de amor, desde luego. No es tan fácil como recibir golpes, como dar caricias. No va de miradas, de sexo, ni de besos. no es como sentir mariposas en el estómago. No eres, desde luego, un ángel caido del cielo ni un príncipe disfrazado. 
Vamos a dejarnos de tópicos y a hablar con franqueza. Vamos a dedicarnos un rato a ti, a mi y a las ausencias que nos ocupan el pecho. Hablemos de lo práctico de los suspiros, de los alientos. Discutamos que se siente cuando te pulverizan el corazón y le prenden fuego a los cimientos de tu vida. Hablems de orden, de te, de puntos de vista. Hablemos de fotografías y de cervezas heladas; todo es negociable. Hablemos de mis caderas y de tus manos y de lo bien que se llevan. Hablemos de coincidencias, de literatura, de prosas y versos. De Dioses, de adioses, de milagros.  Explícame como enfriarme antes de estallar y yo te enseñaré lo dulce y picante que se puede hacer un infireno, mi infierno. Te mostraré como incendiar los malos recuerdos y noches vacías, que a veces se hacen insoportablemente largas. De ruidos molestos, de guitarras desafinadas y bajos perezosos. de los silencios abruptos que descansan en los acantilados que hay entre los rayos de sol. Hablemos del colorante de las manzanas y de las tostadas que vas a prepararme para desayunar.
Hablame de la India.
¡Si, hablame de la India!
Hablemos ahora que podemos, antes de que mi ropa descanse en el suelo de tu cuarto, antes de que nos hayamos comido el uno al otro, antes de que me vaya y no nos volvamos a ver.
Antes de ser yo parte de ti y tú parte de mi.
Aunque creo, cielo mío, que para eso llegamos demasiado tarde.

13 may. 2010

Más o menos, libre.

Poco que decir.
Mañana prometo ser mejor.



Escepto para ti, que ni te lo mereces ni haces nada por merecertelo.
Ya veo todo lo que te importo.

3 may. 2010

Dibuja y desdibuja.

Me escuecen las heridas del corazón cuando estoy contigo.
¿Será porque vienes a curármelas con tu sonrisa manchada de cigarrillos?
Puedo portarme bien si me lo pides con ganas. Puedo hacer como que no voy a irme si tú haces como que me A(+). Y viceversa. Puedo contarte las historias más largas y hacerte las noches más cortas, llenarte tus oidos vacíos de palabras no tan huecas como te hicieron creer en su día. Tú dame tiempo. Dame tiempo y puede que lo infuncionable funcione. Que yo puedo borrar lo imborrable, saltarme lo previsible. Puedo enredarme entre tus piercings y deborar tus tatuajes.
Puedo descolocarte, ánima libera.
Puedo hacerte libre.
Solo si tú me dejas que te descoloque, claro.





Yo, a cambio, puedo dejar que dibujes o desdibujes mis contornos.
Lo que tú prefieras.

22 abr. 2010

Casa de la ramera
Seguimos la huellas de pies que bailaban
hacia la calle alumbrada de luna
y nos detuvimos bajo la casa de la ramera.

Adentro, por sobre estrépito y movimiento,
oímos los músicos tocando a gran volumen el «Treues Liebes Herz» de Strauss.

Como formas extrañas y grotescas,
realizando fantástico arabesco
corrían sombras detrás de las cortinas.

Vimos girar los fantasmales bailarines
al ritmo de violines y de cuernos
cual hojas negras llevadas por el viento.

Igual que marionetas tiradas de sus hilos
las siluetas de magros esqueletos
se deslizaban en la lenta cuadrilla.

Tomados de la mano
bailaban majestuosa zarabanda;
y el eco de las risas era agudo y crispado.

A veces un títere de reloj apretaba
la amante inexistente contra el pecho,
y otras parecía que querían cantar.
A veces una horrible marioneta
se asomaba al umbral fumando un cigarrillo
como cosa viviente.

Entonces, volviéndome a mi amor dije,
«Los muertos bailan con los muertos,
el polvo se arremolina con el polvo».

Pero ella escuchó el violín,
se apartó de mi lado y entró:
entró el Amor en casa de Lujuria.
Súbitamente, desentonó la melodía,
se fatigaron de danzar el vals,
las sombras dejaron de girar.

Y por la larga y silenciosa calle
en sandalias de plata asomó el alba
como niña asustada.

 Oscar Wilde

14 abr. 2010

"Fue entonces, cuando llegaron las mariposas. Aquel invierno había sido duro. el otoño anterior apenas había llovido y la primavera no trajo buenas nuevas. Fue una época nefasta aquella, ¡ni te lo imaginas! El aire estaba cargado de polvo y el calor era sofocante; no había forma de ver crecer nada. La mitad de la gente enfermaba y la otra mitad se estaba muriendo de hambre. Dejamos de rezar incluso. Despues de tanta guerra, de tanta muerte, de tanto sufrimiento, de tanto llanto... ¿Acaso nos merecíamos aquello?
Fue entonces cuando llegaron las mariposas. 
¡Había cientos, miles! Estaban por todas partes...
Lo cubrían todo, las casas, los árboles, incluso las podías sentir caminando sobre tu cuerpo cuando dormías.
Y, poco despues de ellas, llegó la lluvia.
Fue entonces, si, fue entonces.
Lo recuerdo muy bien.
Fue entonces cuando comenzamos a creer en la mágia.











Siento no poder contestar a los comentarios =(. 
Estoy en época de exámenes y no doy para más x(
Cuando termine, prometo ponerme al día con todo lo que habeis escrito!

Y un beso especial para ti, Chica Oreo!
espero que te haya ido muy bien en Barcelona!

7 abr. 2010

Manuscrito encontrado en el Olvido


Un lobo le dijo a un niño que con su carne tierna
iba a pasar el invierno.
El niño le dijo al lobo que sólo comiera una pierna
porque siendo aún tan tierno
iba a necesitar muy pronto que estuviera bien cebado
pues llegaría un momento
en que, aunque cojito, necesitaría un asado
de lobo como alimento.
Se miraron, se olisquearon y sintieron tanta pena
de tener que hacerse daño
que se pusieron de acuerdo para repetir la escena
evitándose el engaño
de que para sobrevivir dos personas que se quieran
sea siempre necesario
que, al margen de sus afectos, unos vivan y otros mueran.




[Ambos murieron de hambre]







Los Girasoles Ciegos
Alberto Méndez.

31 mar. 2010

¿Ni siquiera, ahora, te compadeces de mi?

Te estás llendo.
no te das cuenta, pero te estás llendo.
¿No lo notas? 
Te estás llendo muy lejos.
Tanto que ni siquiera yo puedo agarrarte.
Tanto que, cuando te abrazo, ya no siento casi nada...
Y lo peor es que se que, cuando filamente te esfumes, cuando solo te vea caminando por la calle con ese aire perdido y no sepa a dónde vas, cuando nuestras conversaciones eternas se conviertan en un hola y adiós, cuando se nos acaben los gestos cómplices, cuando te olvides de mis lunares, de mi risa, de nuestros secretos...
Entonces ya te habrás ido.
Y no habrá manera, mon ange, de hacerte volver.




 Pídeme lo que sea.
Que me humille, que me arrodille. Pídeme el cielo, la luna, las estrellas.
Pideme todo cuanto tengo.
Dame la fórmula mágica para salvarme.
Para salvarte.
Para salvarnos.






Se aceptan sugerencias.

21 mar. 2010

Quería que fueras tú.
Si, tú, el que suelta bocanadas de humo, sentado en su taburete, bebiendo cerveza, haciendo como que no me mira.
Si, ese, tú.
Quería que te levantaras, que vinieras hacia mi y que me comieras la boca. Así, literalmente.
Quería que me llevaras al baño y me hicieras todo todito todo lo que estabamos pensando los dos. Quería que me arrinconaras contra la pared, que me lamieras entera. Quería que me besaras en el cuello y que mi arrancaras la ropa de un tirón. Quería ver como te brillan los ojos cuando ardes por dentro. Porque tú te enciendes casi tan rápido como yo, mon ange.
Casi casi.
Quería luces, fuegos artificiales, mi dosis de polvos mágicos, amour, mis dosis de ti.
Quería susurrarte al oído, arañarte la espalda, morderte los hombros, beberme tus labios, respirar tus latidos.
Te quería, te quería con toda mi alma. Estaba dispuesta a AMARTE, a amarte con mayúsculas durante quince minutos seguidos. Era lo que yo quería y se, cheri, que es lo que tú querías también.
Por querer, ¡se pueden querer tantas cosas!
El problema era, mon ange, que los dos estabamos muy ocupados ; yo haciendo como que no te quería y tú haciendo como que no querías quererme.

19 mar. 2010

-No eres la apropiada para dar consejos sobre amor, bonita, que tienes el romanticismo...
-Al ladito del Punto G, ¿te apetece venir a buscarlo?










(Pdt: si, cambié el texto, no terminaba de convencerme.)

13 mar. 2010

Ella se había quedado ciega en un accidente de tráfico. Los médicos les habían dado una serie de complicaciones que indicaban, muy a su pesar, que los ojos castaños de la pelirroja no volverían a ver nunca más. 
Ella, que iba notando poco a poco como se la comían viva las sombras, no pudo por más que aceptar tan cruel e incierto destino.
Él, que seguía siendo un niño, se vio pequeño y desamparado, sin saber que camino tomar. Podía alegar locura transitoria o simplemente miedo y huir allá lejos, buscar otro cuerpo, otras manos y otro olor a primavera aliñados con unos ojos nuevos que pudieran ver. Supo entonces que esa decisión le haría ganar o perder la partida de la vida y, pese a que las responsabilidades le asfixiaban, decidió quedarse y luchar. ¡No estaba seguro de poder encontrar en alguna otra parte del mundo otro olor a primavera como el de aquella niña, aquella chica, aquella mujer.
Así que así comenzó la guerra contra el fin, contra el desprecio, contra el miedo y la inseguridad. De su lado estaba el bando de los cambios y de la esperanza, mientras que el enemigo contaba con los miedos, que siempre tienden a crecerse en la batalla.
Durante los primeros meses el amor se dabatio en medio, sin saber muy bien de qué lado de posicionaba. Y, finalmente, se antepuso la razón.
Aprendieron los dos.
Ella aprendió a recorrer el cuerpo de él con la yema de los dedos, haciendole temblar, a encontrar el sabor a menta en esas sonrisas de cada mañana, a leer en sus suspiros, a distinguir entre la multitud los pasos de él (y solo los de él). Imaginó su parpadeo y esa cara de no haber roto un plato que tanto la hacía enternecerse y descubrió, muy a su pesar, que había estado equivocada toda su vida porque enamorarse, despues de todo, no estaba tan mal.
Él, pequeño caballero de armadura reluciente, aprendió el valor que tenía tomarle a ella la mano cuando caminaban por la calle, descubrió lo mucho que le gustaba besarla en el cuello sin que ella lo esperara y que, despues de jugar un rato, volvieran a dejarse llevar, fue consciente de que le encantaba prepararle zumo de naranja y enredarse de vez en cuando entre su pelo y entre las notas de su piano. Se dio cuenta de que crecer, bueno, pues podía soportarlo, no sabía tan amargo como en un principio imaginó.
Y así siguen los dos, viendo lo que de verdad necesitan ver, sin necesidad de unos ojos nuevos que a ella le permitan contemplar el dibujo que va trazando despacito el pincel con el que la retrata él. 
Porque ya que nos vamos a ver si o si reflejados en algún espejo, que este nos sepa amor y nos suene a abrazos o incluso a te quieros. Así es más fácil verse guapo, ¿no?



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