1 nov. 2010

El juego de las seis mentiras

Le miró con ojos desganados y doloridos. Pareció que aquel atisbo de sonrisa que esbozó le doliera, desdibujando un gesto que Drake había supuesto hermoso. Por un momento le dio la sensación de que Roxana no era más que una sombra, que su belleza lívida, tenue, descolorida, era solo el resto de un pasado exuberante, apasionado. Feliz. Si, esa era la palabra, un pasado feliz. En realidad, era como si Roxana fuera vieja. Un alma vieja dentro de un cuerpo joven. O algo así. El chico tiritó, envuelto en su abrigo, sin ser capaz de dejar de observarla, cubierta por un escaso jersey, mientras fumaba de la forma más sensual que él jamás había visto. Entonces la chica lo miró, sin cambiar su gesto. Expulsó el humo con suavidad por la boca. Y habló.

-Tú y yo nos hemos amado como desesperados, Drake. Nos hemos querido con toda nuestra alma. Durante más de cien vidas, con más de cien nombres y a través de cien siglos. Hemos sido desde siempre y por siempre parte esencial uno del otro. Hemos muerto de pena, de amor. Nos hemos separado pero siempre, siempre, siempre hemos conseguido volver a encontrarnos en otros ojos, en otros cuerpos. Hemos probado lo mejor y lo peor de la vida, hemos contemplado los Soles más brillantes y hemos huido de las peores tormentas. Y nos hemos querido. Nos hemos querido como niños, como hermanos, como dementes. Nos hemos deborado con la vista, con la boca, con las manos... No hay pliegue de mi alma que no conozcas, Drake, ni uno solo. Lo que pasa es que no te acuerdas. No se cómo lo has hecho, pero lo has olvidado; me has dejado sola. Te has escondido de tal forma que ni tú mismo puedes encontrarte. Solamente quiero que sepas que va a llegar el momento, no se cuando, en el que vas a recordarlo todo. Vas a recordar nuestros domingos observando las estrellas, nuestras tardes bailando jazz, los días de playa en el 64 y los viajes en coche del 92. Y entonces, querido mío, rezo porque te mueras de pena. Rezo porque sufras tan solo una mínima parte de lo que llegué a sufrir yo.-


El juego de las seis mentiras



8 comentarios:

  1. Sólo la persona que amó mucho es capaz de sentir tanto deseo de venganza ¡¡qué miedo!!

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  2. El olvido de las llaves no es terrible. El olvido de lo vivido es imperdonable.

    mi beso

    el magnetista

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  3. Cuando alguien olvida un pasado tan feliz...no merece perdón.
    Fantástico texto :)

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  4. Y además se lo merecería...

    :) Está genial.

    besos!

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  5. Encontrar a tu otra mirtad no siempre significa que la conserves.

    Besos, me ecanta como escribes ^^

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  6. hola guapa!
    muchas gracias que te allas pasado por mi blog!!
    a mi me encanto el tuyo, me he hecho seguidora sin dudarlo!!
    esta entrada me fascino!!
    que increibles palabras tan exactas hacerca de esos amores tan duraderos!!
    realmente precioso
    besitos y espero que nos podamos seguir leyendo

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  7. Esto lo has escrito tu?
    Me has dejado con la boca abierta.
    Te sigo.

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Grita un poquitín más alto...

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